En el mapa gastronómico de España, pocos platos despiertan tanta pasión y debate como el cachopo. Tradicionalmente asociado a grandes porciones de ternera, jamón y queso, este emblema asturiano ha evolucionado para derribar muros. Hoy, gracias a la maestría técnica y a la conciencia social de ciertos referentes, el celíaco ya no tiene que mirar desde la barrera: el cachopo se ha vuelto verdaderamente inclusivo.
Las Tablas del Campillín: El epicentro del cachopo
Si hablamos de excelencia en Oviedo, es imposible no mencionar a Las Tablas del Campillín. Este establecimiento no solo es un lugar de paso obligado para los amantes del buen comer, sino que se ha consolidado como el gran referente de este plato a nivel nacional. Su vitrina de trofeos no es casualidad; es el resultado de años perfeccionando la receta perfecta, logrando un equilibrio entre el crujiente exterior y la jugosidad del relleno.
Juanjo Cima: El arquitecto del sabor asturiano
Detrás de este éxito se encuentra Juanjo Cima, cocinero especialista del cachopo y una de las figuras más influyentes de la cocina asturiana contemporánea. Cima ha entendido que la tradición no está reñida con la innovación ni con la salud. Su enfoque en la selección de materias primas y su dominio del empanado han permitido que el restaurante ofrezca versiones aptas para celíacos que mantienen intacta la esencia, el sabor y la textura que han hecho famoso a su local.
Una experiencia apta para todos
La democratización del cachopo implica que el sabor no se pierda al eliminar el gluten. En Las Tablas del Campillín, la adaptación inclusiva es un compromiso real. Utilizando harinas y pan rallado certificados, Juanjo Cima logra que la experiencia sensorial sea idéntica a la versión tradicional, permitiendo que grupos de amigos y familias compartan la mesa sin que nadie deba renunciar al placer de un buen rebozado.
Además del cachopo, la gastronomía del Principado ofrece un abanico inmenso de posibilidades. Si estás planeando una visita a la región, no puedes dejar de probar otros platos asturianos recomendados como la fabada tradicional, el pitu de caleya o las cebollas rellenas, que junto al cachopo inclusivo, forman la columna vertebral de una cocina que no entiende de fronteras.
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